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:: Ganadería cordobesa, en busca de mejores suelos

El ángleton es una de las gramíneas preferidas en las fincas cordobesas.

Córdoba ha sido en Colombia un departamento ganadero por excelencia, de la Costa y del país. Una tierra conformada por suelos de alta fertilidad, con buenas producciones en el ganado, que tienen características distintas.
La labor de los especialistas es lograr obtener una mayor productividad para el ganado, estudiando y mejorando las condiciones del suelo, proveyéndolo de buena calidad de forraje, para que ese alimento de excelente calidad, propicie una mejor producción.
"Estamos involucrados en estudiar un poco más las características de los suelos para ver cuál es el potencial real que tienen para producir tan buenas ganaderías y ver las posibilidades de reemplazar, si es necesario, algunos de los pastos que existen acá", expone Miguel Ángel Ayarza Moreno, especialista en manejo de suelos de Corpoica. Afirma que las experiencias que se comparten con distintas fincas ganaderas cordobesas para mejorar su productividad, obedecen a una estrategia que tiene tres frentes de trabajo.

"Uno, es la caracterización de los problemas de estos suelos, pensando en que es necesario intensificar la producción; cuáles son las implicaciones y cuales son las limitaciones que podrá tener intensificar la ganadería en estas fincas", expone.
Como se trata de distintos tipos de tierras, la estrategia es una para el Valle del Sinú y otra para la Sabana. "En las sabanas, por ejemplo, se está trabajando mucho en intensificar los sistemas de producción Doble Propósito a través de sistemas silvopastoriles; entonces se está tratando de mejorar eso, con el diseño de prácticas de recuperación".
Indica que en los experimentos que se hacen a nivel de finca, para mejorar los sistemas silvopastoriles y con ello la producción de leche y carne, se están introduciendo nuevas especies de gramíneas y se corrigen los problemas de degradación del terreno con prácticas de labranza apropiadas.
En las áreas del Valle del Sinú, que tiene suelos más complicados de manejar, tratan de corregir las limitaciones de drenaje interno, de movimiento de agua. "Aquí tenemos varios experimentos en donde estamos probando a nivel de estación y a nivel de finca sistemas de labranza nuevos, combinados con fertilización e introducción de nuevas especies", expone.
En un tercer frente de trabajo se busca la posibilidad de tener especies forrajeras para los diferentes ambientes, donde, según Ayarza Moreno, "estamos asociando la introducción de estas nuevas especies en sistemas de manejo intensivos, pero considerando que la sostenibilidad de estos pastos depende de cómo maneje uno el suelo, la pastura y el animal. Entonces, hay trabajos donde estamos integrando las tres cosas para encontrar la manera óptima".
Explica que los trabajos se hacen tanto en la estación experimental de Corpoica en Turipaná, como en las distintas fincas que participan del programa.

Hay que analizar
La duda que entra es si el ganadero se entusiasma con estas iniciativas, sobre todo si se trata de un pequeño productor. Edgar Amésquita Collazos, también especialista en el tema, de la entidad investigativa, afirma que no es mucha la inversión económica. "En realidad, prácticamente se trata de que la inversión que se está haciendo, se utilice mejor", dice.
Coloca como ejemplo: "Sugerimos que utilicemos más arados cinceles, que trabajar con rastra. La rastra hace una labranza que podemos llamar preparación o labranza horizontal y el cincel hace una labranza que llamamos vertical. Entonces, si hacemos labranza vertical con cinceles, vencemos las limitaciones de la compactación y el suelo llega a adquirir más agua. Si usamos la labranza con rastra o labranza horizontal, el suelo no retiene suficiente agua y produce más efecto de escorrentía, que va a ayudar a las inundaciones en otros sitios. Esas serían las dos principales diferencias que queremos probar con los sistemas que mencionamos".
Sin embargo, expresa que la idea es trabajar con ganaderías, tanto pequeñas como grandes. Lo importante es que los propietarios faciliten tres o cuatro hectáreas, para que aprendan y, a partir de ese aprendizaje, lo extiendan al resto de la finca.

Miguel Ayarza (izq.) y Édgar Amésquita, especialistas en suelos.

Con rentabilidad
De todas maneras, Ayarza Moreno expone que se hace un análisis de la rentabilidad del sistema que se utiliza y el productor "tiene que mirar que consigue producir o mejorar su producción, para después definir si invierte o no".

Amésquita reconoce que hay otras inversiones que hacer, pues se hacen cambios en los abonos; lo cual, a los costos actuales que tienen insumos como la úrea y otros derivados del petróleo, exige una importante inversión. "Necesitamos tratar de que esos abonos sean mucho más eficientes en la producción de pasturas. Necesitamos mucho pasto para poder alimentar bien a los animales, sin que la compra de los fertilizantes nos disminuya las ganancias".
Eso sí, son programas que requieren cierto tiempo de insistencia. "Cuatro o cinco años como tiempo corto. Siete o diez años como tiempo largo", anota Amésquita. "Son prácticas que los productores pueden tomarlas ya, se ven en año y medio o dos años. La idea es llegar a producir tres toneladas (de carne) por hectárea, lo cual ya se ha logrado aquí con algunos sistemas en algunas fincas de Córdoba", expresa.
A ello, Miguel Ayarza agrega que el problema de todos estos sistemas es que la sostenibilidad no está bien definida: "Todo lo que se menciona puede ocurrir en un año, pero la responsabilidad nuestra es mirar de qué manera manejamos el suelo y los nutrientes para que ese efecto se mantenga a través del tiempo".



:: Fertilidad, principal característica

De acuerdo con lo expresado por Édgar Amésquita Collazos, especialista en manejo de suelos de Corpoica, la fertilidad es la característica primordial en los suelos del Departamento de Córdoba.
Explica que se pueden encontrar distintas clases de suelo, con características propias, pero en general se puede decir que hay dos tipos de suelo. Unos, que son planos, de parte baja, que son los que forma el Valle del río Sinú; y los suelos de ladera que quedan alrededor del Valle del Sinú, que serían los de sabana.
"Tenemos que recordar que esto fue inundado hace mucho tiempo; salió el agua y los sedimentos quedaron sobre suelos tipo ladera. Esos suelos tipo ladera están a diferentes profundidades en muchos sitios. Lo que no alcanzó a cubrir esta parte de la inundación es lo que consideramos o llamamos ahorita suelos de sabana", dice Amésquita Collazos.
Recuerda que ambos son suelos productivos, siendo mucho mejor, desde el punto de vista de fertilidad, la parte plana que la parte de ladera o suelos de sabana: "En ambos tipos de suelo es posible llegar a producir grandes cantidades de leche y de carne, si se manejan atendiendo a estas necesidades".
Define los suelos cordobeses como superiores a los de otras regiones del país en contenido de minerales como nitrógeno, fósforo, potasio y magnesio; con un PH que está alrededor de 6, puede subir a 6,5 o a 7 en algunos casos, lo que indica que no hay problemas de acidez. Asimila a estos suelos con los del Valle del Cauca, con algunas diferencias en la parte climática. En Córdoba las lluvias son más drásticas; "acá son un poco más torrenciales y pueden causar muchos problemas de erosión, sobre todo cuando los suelos están descubiertos", explica.
Para el especialista, en la parte de composición física es donde están las fallas fundamentales. "Reciben mucha agua; no son suelos permeables. Están muy compactados, por su estado de arcillas natural, más el pisoteo del ganado. Entonces son tierras que realmente reciben poca agua. Esa agua no penetra dentro del suelo, sino que este la expulsa y va a fomentar todas las inundaciones que hay en las zonas más bajas", afirma.
Entonces uno de los objetivos nuestros es precisamente detectar qué tan grave es ese problema y ver cómo, con base en las mismas propiedades del suelo, podemos ayudar a solucionar esa parte de escorrentía y de erosión que consideramos que es muy grave.
Amésquita expone que las inundaciones no vienen solamente por factores climáticos, como la lluvia. "Estas cosas pasan cuando tú al clima, le sumas suelo. Si este tiene buena capacidad de infiltración, de recibir agua, no se inunda; pero si está compactado, no puede transmitir agua dentro del suelo, entonces se producen inundaciones", finaliza el profesional de Corpoica.

 


:: Producción - Experiencia positiva

Uriel Gómez, ingeniero y socio de la Cooperativa de Producción Agropecuaria de Ingenieros Agrónomos del Sinú (Copiagros Ltda.), en nota publicada por la revista Asocebú, menciona la positiva experiencia que tuvo la entidad en un programa apoyado por la Universidad de Córdoba y Corpoica.
En las fincas El Diamante y La Esmeralda, ubicadas en Cereté, que cuenta con buenos suelos, comenzaron hace siete años con esta experiencia. "Seis hectáreas y media sembradas de pasto ángleton fueron divididas en 13 potreros de media hectárea con cerca eléctrica, agua disponible para cada dos potreros, manejados en rotación con dos días de ocupación y 24 días de descanso", señala.
Cada hectárea tiene una carga de 3,5 animales, con un peso inicial de 300 kilos y salen para sacrificio de 450 kilos en un período de 4 a 6 meses.
"Anteriormente en esta finca se producían 220 kilos de carne por hectárea año en un solo lote de pasto.
El cambio fue importante, pues con el manejo de potreros y la rotación de animales es más eficiente el consumo del pasto.
Esta zona del valle del Sinú cuenta con unas condiciones excepcionales para la producción de gramíneas y leguminosas.

 


:: Otra opción

Otro programa importante, financiado por el Ministerio de Agricultura, se encamina hacia la mejoría en la utilización de los forrajes en la región cordobesa.
Miguel Amésquita explica que el programa está enfocado hacia dos líneas: "Con una, se busca diversificar la base forrajera existente, a través de la introducción de nuevas especies. Ese es un esfuerzo entre Corpoica, el Ciat y otras instituciones, para traer germoplasma, del cual aquí ya hay evidencias de que funciona".
Recuerda el especialista en suelos que en el Departamento los pastos más comunes son, en la parte baja, en el Valle del Sinú, el Angleton; y en la parte alta, el Colosoana. "Esas dos gramíneas fueron naturalizadas aquí, pero son especies de afuera. Los australianos han hecho una colección grande y estamos trayendo parte de esa colección, que también son gramíneas del mismo género de las existentes en esta región. Ello para ver si podemos mejorar algunos atributos que tienen las gramíneas de acá; es decir, lograr mayor productividad, más tolerancia a plagas y enfermedades", dijo.
La otra estrategia es generar recomendaciones de manejo para las especies que ya están aquí a nivel comercial, pero de las cuales no hay experiencias prácticas. "Es el caso del pasto Mombasa, la Braquiaria brizantha; y un nuevo híbrido de Braquiaria, que se llama Mulato II; con esas tres gramíneas estamos concentrados en definir el manejo, la fertilización y el manejo animal, tanto en la estación experimental como en finca", expone.

 


 
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