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EDICION No 4978 JUEVES 18 DE DICIEMBRE DE 2008 MONTERIA - COLOMBIA

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Irrespeto

Tomando whisky en vasitos de tinto, así estaban este lunes en la plenaria de la Cámara de Representantes varios de sus miembros. Lo anterior lo denunció y lo sostuvo otro más de los miembros.
Situaciones como la descrita, además de generar el rechazo de la ciudadanía que eligió a los congresistas para que velara por sus intereses, no para que se embriagaran en un lugar que amerita todo el respeto del mundo como lo es el Salón Elíptico del Capitolio Nacional, da cuenta de la falta de responsabilidad con la que asumen sus funciones algunos 'padres de la patria'. Su acción es repudiable, vergonzosa, sería el equivalente a que un galeno ingiriera licor o se drogara mientras practica una cirugía; o que el conductor de un bus escolar saliera a hacer su recorrido perdido de la borrachera.
Lo peor es que envalentonados, quizás por el licor ingerido, decidieron aplazar hasta marzo del próximo año el estudio y votación de la ley de víctimas que busca reglamentar la forma de reparación para los colombianos afectados por el conflicto armado. Se dedicaron fue a pelear unos con otros, a dar mal ejemplo a los colombianos, golpeando escritorios y expresándose en términos muy fuera de lugar.
Quien sabe cuántas veces no se habrá presentado la misma situación, en ese y otros recintos casi que sagrados, mientras que los votantes que depositaron la confianza en ellos, se mantenían inocentes de estas vergonzosas acciones. Pues la ciudadanía que los eligió, que paga impuestos para que a ellos les paguen onerosas sumas por cumplir sus funciones, deberá exigir que se investigue y se descubra a esos congresistas que se embriagan en las Plenarias y que se les sancione ejemplarmente, así como se sancionaría a un médico que opera borracho o al conductor de un bus que hace su recorrido luego de ingerir abundante licor.

EDITORIAL


Defensores sin rostro

"Quien no da la cara, oculta una vergüenza." Séneca-

Por LESMES CORREDOR PRINS

En Bogotá, sus colegas abogados los rotulan "Defensores sin rostro" en razón de que ejercen la profesión no mostrándoles su cara a los fiscales, jueces y magistrados, sino haciendo figurar en sus escritos el nombre de otro abogado, que, a cambio de unos estipendios, le vende su identificación profesional; método al que recurren, dicen sus colegas -en una especie de testaferrato abogadil- ex magistrados de la Corte Suprema de Justicia, de los Tribunales, ex fiscales y ex vicefiscales.
Esta modalidad de ejercer la profesión, opino, no figura, por lo espúrea, en el libro El Alma de la Toga del abogado, don Angel Osorio; ni, es, a esos "abogados sin rostro", a los que, por sustracción de materia, alude Piero Calamandrei en el siguiente trozo de su libro Elogio de los jueces: "El argumento del libro no es solamente el juez, sino el juez visto por el abogado; también podríamos decir el abogado que se pone a contemplar con serenidad al interlocutor de su profesión que es el juez. En esta platica entre el juez y el abogado, no diré que sea protagonista el juez: lo que cuenta es el binomio constituido por estos dos términos inseparables, en cuyo equilibrio se resumen todos los problemas, jurídicos y morales, de la administración de justicia".
Este estilo de atender los asuntos penales, es, –según mi percepción- degradante para el defendido, pues es tanto como si el abogado le dijera "su causa me da pena defenderla" y además desventajosa, puesto que si a la Corte, al Tribunal o la Fiscalía trasciende que el defensor real del procesado es un alto ex de la rama judicial, que no da la cara sino que llega ante ellos a través de un defensor-testaferro, ese hecho puede ser interpretado, a nivel de tales escenarios, en perjuicio del procesado, pues si su abogado –se inferirá- evita que su nombre figure aparejado al de aquel, será porque el caso es non santus o carece de lado defendible; caso, frente al cual, dicho sea de paso, si bien ese ex oculta su identidad ante la justicia, no tiene escrúpulos éticos para hacer lo mismo al recibir los honorarios sino que, entonces si posa como defensor con rostro y con los cuidados de quien toma "los frutos de un árbol envenenado"; Tartufos que ante su moral pendular –sin rostro para una cosa y con rostro para otra– terminan encarnando al personaje de una de las obras de Robert Louis Stevenson, caracterizado por la particularidad de alojar en su individualidad a dos personas: en el día al buen doctor Jkyll y en la noche al malvado Míster Hyde.
Claro, que en Bogotá, así como son descalificados los "defensores sin rostro", se les hace reconocimientos a los ex magistrados de la Corte Suprema, Jorge Enrique Valencia Martínez, Carlos Gálvez Argote y Edgar Saavedra Rojas, quienes llegan a los estrados judiciales como defensores con rostro y, sin avergonzarse de su misión, bajo el entendido de que "el abogado no defiende al delito si no al delincuente".
Esta, mis lectores, la figura del defensor sin rostro, es, en lo que se asemeja al testaferrato, la flor que le faltaba al ramo de la mala fama que tiene la profesión de abogado.
e-mail: lescorp@latinmail.com

-Mensaje sincero-

Palabra empeñada

Por PABLO EMILIO HOYOS OTERO

Todavía recordamos con meridiana claridad que para reparar los desastres causados hace más de una década en el Eje Cafetero, se estableció por el gobierno de ese entonces y de manera provisional el 2 por mil, poco después el 4 por mil. La palabra mágica "provisional", como lo hemos visto, se ha convertido en permanente.
Caso similar quiere hacer el Gobierno de ahora manteniendo el precio elevado de la gasolina dizque hasta tanto se cubran y se resarcen los daños y perjuicios causados por la ola invernal, desbordamientos de los ríos, avalanchas volcánicas, derrumbes de minas y montañas con taponamiento de carreteras. Baja