Sin embargo, se requiere un seguimiento serio y permanente del programa, de tal suerte que los resultados puedan evaluarse y así se puedan ir haciendo los ajustes a que haya lugar. No solo regalando biblias se logra la resocialización. Y lo decimos de una manera clara, en el sentido de que el acompañamiento sicosocial, las oportunidades laborales y de estudios son necesarias, si queremos que las cabezas de estos muchachos se reorienten al buen vivir en sociedad y en comunidad.
Este tipo de programas, más que mostrar cifras debe evidenciar resultados que puedan cualificarse. Estamos ante jóvenes alejados de la legalidad, que merecen la inclusión, pero ella debe ser medida en aspectos concretos, y lo deben hacer profesionales en ese tipo de programas. Si estas acciones no se emprenden con el rigor que exigen, no se está apostando a una verdadera resocialización, y mejor aún, a la inclusión.
Los jóvenes necesitan una mano cuando andan en malos pasos, pero requieren reales oportunidades para reincor
porarse a la sociedad.




