'Camilo Torres Martínez' reza en el campo para el nombre del occiso y es acompañado de la cédula de ciudadanía 71.984.381; y al lado, en probable manera de muerte: "Natural". El informe no hace ninguna cita que, por lo menos, tenga alguna duda sobre por qué sucede una muerte no explicada en una persona de apenas 37 años de edad.
Hace cuatro años, dos antes del 'deceso', el nombre de Camilo Torres empezó a aparecer en medios en relación con el exdirector seccional de fiscalías de Medellín Guillermo León Valencia Cossio, condenado por la Corte Suprema de Justicia a 15 años de prisión, por nexos con grupos paramilitares.
A la par de este nombre, aparecía el del empresario Juan Felipe Sierra (huyendo), y el de los paramilitares Daniel Rendón Herrera, alias 'Don Mario' (extraditado), y el de quien sería su lugarteniente, John Fredy Manco, alias 'El Indio' (huyendo). La identidad de Torres o 'Fritanga', como era conocido el presunto muerto, seguía en esa lista.
Este remoquete causó revuelo nacional esta semana cuando apareció muy vivo, nada menos que casándose, en un paradisiaco punto del Golfo de Morrosquillo y festejando su boda, en medio de la cual fue capturado por la Policía, con fines de extradición.
La irregular muerte tiene hoy bajo la lupa de las autoridades a más de un funcionario y más de una entidad; empezando por la Superintendencia de Notariado y Registro, en donde Miriam Suárez Suárez, quien en calidad de notaria encargada ese 2 de diciembre, dio fe del "deceso" de Torres, respaldado por el médico cirujano de la Universidad de Antioquia Augusto de Jesús Gallego Tobón (C.C. 70.054.611), quien avaló con firma y huella, y ahora dice que fue engañado.
Otro de los investigados es el notario titular de la 17 (desde enero de 2012), Eduardo González, quien se ausentó del despacho ese preciso día, aduciendo que acababa de cumplir años, por lo que se tomó un permiso.
Una de las piezas claves dentro de este rompecabezas, que es precisamente la primera que analiza la Fiscalía, tiene que ver con la Funeraria La Virgen del Valle, la cual le puso punto final a la existencia de Camilo Torres, hoy recluido en los calabozos de la dirección general de la Policía, en Bogotá.
En el año 2010 Torres fue incluido en la Lista Clinton junto con ‘El Indio’. DEA le venía siguiendo el rastro desde el año 2009
"Ahí hay problemas", señalaron altas fuentes de la Supernotariado al ser consultadas por Colprensa acerca de cómo iba la investigación. La razón es simple. A pesar de que el certificado de defunción fue expedido a finales de 2010; los certificados de Cámara y Comercio dan cuenta de que esa funeraria no existía para entonces, pues su matrícula no había sido renovada desde 2005.
Este es la punta del iceberg que ya empiezan a develar las autoridades, cuyas pistas los han llevado a hacerse preguntas acerca de cuál es la razón para que la funeraria, ubicada en el norte de la ciudad (Calle 156 con Carrera 12), y a pocas cuadras de la que para entonces era la residencia del médico Gallego (Carrera 21 con Calle 148), haya emitido con su sello un aval para una muerte que no existió.
Más extraño aún, es porqué si los hechos se dieron en el extremo norte de la ciudad, la notaria a la que se acudió para certificarlos fue una en el sur (Carrera 10 con Calle 16 sur).
Y más allá: ¿de quién es el cuerpo que pudo haber sido enterrado, en el Cementerio del Sur?, ¿qué fue lo que pasó en ese caso? y ¿quién es Jorge Eliécer Heredia, quien denunció ante la Notaría 17 la muerte de Torres?
Implicados
El notario González dijo que "la notaría cumplió con el registro de defunción con base en el certificado (dado) por el médico". "Para que a un médico le entreguen la papelería oficial para acreditar la muerte, debe estar debidamente registrado", agregó el Notario 17, haciendo referencia a las exigencias de la Secretaría de Salud del Distrito, entidad que, entregó ese formato a Gallego y que lo reconoce como médico registrado.
Por su parte Miriam Suárez Suárez, lo mismo que González, afirman estar tranquilos frente a su actuar en este caso: "Dimos fe de lo que un ciudadano vino a hacer saber. El trámite fue normal, no me puedo negar a prestar un servicio si está por dentro de los tramites legales".
Colprensa buscó a Gallego en la dirección que aparece en los registros de la Secretaría como su residencia para la época de los hechos, lo mismo que llamándolo al número telefónico suministrado en la mima entidad distrital, sin éxito.
En ese sector de Bogotá, barrio Las Margaritas, los vecinos reconocen perfectamente el nombre de Jesús Gallego Tobón, sin embargo, dicen que hace meses no lo han visto y que sólo algunos de ellos han recibido llamadas en las que pregunta por eventuales visitas o recados en su casa.
Al parecer, hoy al médico Gallego su "descache" profesional le está pasando factura y podría tener efectos penales.




