El beneficio es un alivio, al tiempo que una tortura. Los viejitos que hacen parte de este programa, cuya responsabilidad logística para el cobro de los subsidios recae en el convenio Prosperar que designa la entidad bancaria, cada dos meses tienen que someterse a la infame fila bajo sol y agua en la calle 29 entre carreras 1ª y 2ª. Muchas veces se extiende por varias cuadras.
El año pasado a los 3.066 abuelos que cobija el programa, se les veía guareciéndose del clima en los escasos árboles de la Avenida Primera con calle 29, mientras esperaban sentados en varias sillas que de manera improvisada mandó a instalar la Alcaldía. El espectáculo no podía ser más indignante, y aún lo es.
El protagonista de esta historia, Adalberto Pacheco, salió con su yerno, Luis Argel Martínez, quien lo acompañó hasta el desayuno: un tinto, y lo dejó media hora antes de que abrieran el banco.
El acompañante asumió que lo demás sería lo de siempre. El anciano de 73 años debía esperar hasta llegar a la ventanilla para cobrar el subsidio y luego tomar un bus de regreso a casa con el dinero que desde hace tres años mitiga las necesidades de su hogar estrato uno, el cual conforma con su esposa Lidia Anaya.
En las afueras del banco, cuando el anciano se desvaneció, los de la fila gritaron. A la familia de Adalberto le dijeron que una mujer le dio los primeros auxilios y lo trasladó al Camu ubicado en la margen izquierda del río Sinú. El subdirector científico del centro asistencial El Amparo, Marcos Támara Burgos, asegura que fue la ambulancia la que lo recogió, tras arribar de la zona rural. Una versión o la otra conducen a lo mismo: el abuelo murió haciendo la fila para cobrar los 120.000 pesos que, sumados a los aportes de sus otros 4 hijos, les permitían a todos y a 4 nietos, vivir en medio de la estrechez.
El médico Támara Burgos relató que Adalberto Pacheco llegó al centro asistencial sin signos vitales. "No había nada que hacer por él. Era hipertenso y tenía un aneurisma en la aorta, lo cual fue contundente para el infarto".
Ayer en la tarde la abuela lloraba desconsolada encima del ataúd. Entre tanto, su hijo Adalberto decía, repetidamente: "Esas no son las condiciones para reclamar un subsidio".
El alcalde Carlos Eduardo Correa dijo que es muy triste el hecho y pidió a los familiares de los abuelos que no los manden solos.
Señaló que se está trabajando en hacer convenios para tener cinco puntos de pago adicionales a los tres existentes que son Banco Popular de la calle 29 y 39 y Conexred en La Granja.
El Alcalde espera contar con el apoyo del Consorcio Prosperar, entidad designada por el Gobierno Nacional para manejar los pagos, para avanzar rápidamente en los convenios y así los abuelos tengan acceso a puntos más cercanos.






