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EDICION No 4946 DOMINGO 16 DE NOVIEMBRE DE 2008 MONTERIA - COLOMBIA

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En sus manos

A través de dos programas que se vienen desarrollando en el Departamento, se busca que sean las mismas comunidades las gestoras de su propio progreso. Qué poco a poco vayan alejándose de ese a veces nocivo paternalismo que lleva a que estén atenidos a lo que el gobierno les dé sin desarrollar sus potencialidades.
En la capital del departamento se implementó el programa Montería Emprendedora, a través del cual se otorgan microcréditos para invertir en el fortalecimiento de sus negocios o proyectos productivos.
También en Cereté se viene avanzando en la implementación de la Red Juntos cuyo objeto es mejorar las condiciones de vida de las familias en situación de pobreza extrema para que generen sus propios ingresos de manera sostenible.
El desarrollo de estos programa contribuye no sólo a incrementar el índice de productividad de una región; son modelos de autodesarrollo benéficos para la competitividad.
Bienvenidos sean entonces estos y todos los programas que puedan implementarse cuya finalidad es la de explorar las capacidades y potencialidades de cada miembro de la comunidad para que este sea generador de su propio desarrollo y bienestar.

EDITORIAL


-En el Día del Señor...

Parábola de los talentos

Por TOMÁS SEBÁ RODRÍGUEZ

En Mateo 25, 14--30 se encuentra la parábola de los talentos, que precisamente, se proclama en la misa de hoy. Entre nosotros y en muchas culturas, "talento" significa capacidad intelectual, capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación, persona apta o inteligente, así como moneda usada por los griegos y romanos, también era una medida ideal de valor equivalente a un lingote de plata de unos 30 kilos.
El dueño de los talentos los reparte a tres de sus colaboradores inmediatos: "a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó". Estos hombres, qué hicieron con lo recibido? El que recibió cinco talentos, negoció con ellos y obtuvo cinco talentos más; el que había recibido dos ganó otros dos talentos, y el que había recibido uno, le entregó el mismo talento, pues no lo hizo producir.
Qué busca Jesús al proclamar esta parábola a sus discípulos? Hacerles entender, como a nosotros hoy, creyentes en El y por lo tanto, discípulos misioneros suyos, que:
1. Todos hemos recibido de Dios, de manera desigual, pero hemos recibido. La cuestión no es la cantidad que recibimos cuanto la capacidad nuestra para recibir y hacer crecer lo recibido. Dios no procede con criterios humanos. El actúa según su querer, que resulta siendo misterio para nosotros. Se dice, por ejemplo, que Dios nos dota de acuerdo a la gloria a la que estamos reservados, y que de nosotros depende esa gloria.
2. El dueño de los talentos, que es Dios, aparece ausente. Con las ausencias podemos hacer muchas cosas, entre otras, trabajar como si estuviéramos ante la presencia del dueño o "tirarnos a la bartola", es decir, quedarnos sin actuar, dejando para mañana lo que hoy tiene que hacerse.
3. Las respuestas son diversas. Dependen no de lo que recibieron, sino de lo que trabajaron. El que recibió cinco talentos pudo haber devuelto los mismos talentos y el que recibió uno, pudo haber devuelto, diez. Todo dependía del trabajo de cada persona.
Frente a lo anterior: Qué hemos recibido de Dios? Con lo que hemos recibido, qué hemos hecho? Todavía, si no hemos hecho nada, podemos hacer algo? Dios nos da la llamada a la salvación, dándonos el Bautismo; necesitamos ser conscientes de esta gracia y hacerla fructificar. De nosotros depende la salvación, pues Dios, de hecho, quiere salvarnos; por eso nos ha llamado a la vida y a la Iglesia. Los dos grandes talentos de Dios son la vida y la fe. Qué estamos haciendo con ellos?.

De aduaneros y puertos

Por RODOLFO DE LA VEGA

Rafael Díaz Granados nos presenta un libro titulado “Martín Tajamar Dique”, donde nos relata las experiencias vividas por su principal protagonista, homónimo del título, quien, por la temprana muerte de su padre, suspendió sus estudios y entró a trabajar en la Aduana en una posición subalterna. Gracias a su empeño y honestidad, M.T.D. se va ganando el aprecio de los jefes y, rápidamente, va ascendiendo en la escala burocrática de la aduana de Barranquilla. A través del relato se nos pone de presente los cambios ocurridos desde la época del muelle de Puerto Colombia y su ferrocarril, hasta la brega en Bocas de Cenizas y su canal de acceso.
No he podido resistir la tentación de narrar uno de los tantos acontecimientos que me tocó experimentar en los mismos escenarios presentados en la obra de Rafael Díaz Granados. En mi despacho de Jefe de Aforos, dentro del Terminal Marítimo y Fluvial, recibí telefónicamente una orden del Administrador de la Aduana: “Trasládese inmediatamente a la Bodega de Avianca de la carrera 38 con Paseo Bolívar”. Allí encontré al administrador con el subadministrador, auditor fiscal, Capitán del Puerto, secretario y un apertor.
Se inició un acta y se precedió a inspeccionar un cargamento compuesto de 13 bultos marcados: Embarcador- Efraín Alemán, Avenida B con calle 8, Panamá, R.P. En otra cara rezaba: Michel Jordán, magazín Le Magnifique, Port au Prince, Haití. Todos los bultos estaban sanos y zunchados. Al abrir los bultos se encontró pura basura: palos, piedras, una bacinilla machucada, ejemplares viejos de La Prensa, El Heraldo y mucho papel de desecho del Hotel Astoria.
Después conocí la historia. Los bultos fueron despachados desde Panamá, supuestamente, para un comerciante de Haití, así: Panamá/Barranquilla/Puerto Príncipe. Pero algo falló, porque el bodeguero de la aduana en el aeropuerto, al comprobar que no existía el trayecto aéreo Barranquilla/Puerto Príncipe, dio aviso al administrador, quien ordenó el traslado de la carga a Encomiendas Postales en el edificio de la Aduana en la ciudad. Abiertos los bultos se halló mercancía de lujo, entonces de prohibida importación en Colombia. El caso pasó al conocimiento de Juez de Aduana. Cuando todo apuntaba hacia un decomiso por contrabando, se presentó un abogado panameño, acompañado de uno colombiano y explicaron en un claro memorial, que todo había obedecido a un error, puesto que no existía el trayecto aéreo Barranquilla - Puerto Príncipe. En consecuencia, ante la imposibilidad de enviar la carga a su destinatario, ésta debía regresar a su embarcador en Panamá. Acompañaron sendos certificados de las Cámaras de Comercio de Panamá y Puerto Príncipe, donde se daba fe de la existencia de los comerciantes y su inscripción.
El juez, con base en el Código de Aduanas de Colombia,